El jueves vino a
visitarnos David, el estudiante de la facultad del que hablamos en una entrada
anterior. Nuestro consejo con su alumno le vino muy bien, y tanto ha hablado de
nuestra clase y de nuestra capacidad de solucionar problemas y aportar ideas
que la noticia llegó hasta la ESA, la Agencia Espacial Europea, y vino con unos
amigos que trabajaban allí. Estos investigadores querían saber nuestras ideas
sobre el espacio, el sol, las estaciones del año, el movimiento de la Tierra…
Estuvimos hablando largo tiempo, y lo cierto es que las ideas que teníamos al
principio se nos iban desmoronando cuando intentábamos explicarlas. ¿Dónde se
mete la luna cuando se esconde? Si a la luna la ilumina el sol, ¿Dónde está el
Sol cuando la ilumina? ¿Tiene algo que ver el movimiento de la Tierra con que
en verano haga más calor? ¿Hay cuatro estaciones o cinco? ¿La navidad es una
estación, como decíamos algunos, o una fiesta que ocurre en invierno?. Representamos
el movimiento del sol, de la luna, de la Tierra… o al menos tal y como nosotros
imaginábamos que era. David y sus amigos se fueron muy agradecidos, porque les
interesaban nuestras ideas previas sobre el asunto, pero a nosotros se nos han
planteado muchas dudas que tendremos que ir solucionando poco a poco…
domingo, 17 de noviembre de 2013
martes, 5 de noviembre de 2013
Kiwi
A raíz de lo que vimos en clase acerca de los kiwis, el profe se acordó de un cuento que le gustaba mucho de pequeño. Lo trajo al colegio y nos lo leyó, y a nosotros también nos gustó mucho. Tanto, que decidimos hacer un teatro. Hicimos una lista de personajes, vimos como era cada uno, secuenciamos el cuento... Por fin, ayer realizamos el teatro. En mitad de la grabación hubo problemas con la cámara, y el final del cuento no se ha grabado. ¡¡Una pena, sobretodo porque el gran papel que hacía Covadonga como golondrina no lo podemos ver!!
Esperamos que os guste el vídeo y que los niños os cuenten el final.
Lo que más nos gustó del cuento es la incondicionalidad del amor del padre, a pesar de no ser ni siquiera su "padre biológico"... Sentir que se nos quiere independientemente de las decisiones que tomemos es algo que nos da mucha tranquilidad y confianza, independientemente de la naturaleza de nuestra familia, y nos gusta verlo reflejado en los cuentos...
lunes, 4 de noviembre de 2013
Solucionando problemas
El jueves pasado vino a vernos a clase un profe que se llama David. Vino a ver cómo trabajábamos, porque él está estudiando para ser profesor de infantil, y a pedirnos un pequeño favor: que le ayudáramos con su disfraz de Halloween. Debió gustarle mucho la capa que le hicimos, porque esta mañana en la asamblea el profe nos leyó un correo electrónico que había recibido de él. En el correo, David volvía a pedirnos ayuda. Nos contaba que es profesor de actividades extraescolares en otro colegio, y que tiene un alumno al que llamaremos "S" que le da algunos problemas: es muy inquieto, se cansa de hacer las manualidades o actividades que estén realizando y a veces molesta a los compañeros e incluso estropea los trabajos de los demás. A veces no sabe muy bien que hacer con este alumno, y como tiene la misma edad que los niños de la clase, nos pidió consejo.
Andrea: Pues si no se porta bien, que lo lleve a una guardería.
Cordelia: O que lo castigue en una pared.
Covadonga: Entonces se pondría a llorar, y molestaría a los compañeros.
Javier: ¡Y se pondría triste!
Ángela: Otra cosa que puede hacer es pegarle a la silla con pegamento. (Todos ríen)
Cordelia: Pues a mi cuando me castiga mi mamá no me gusta.
Alonso: Lo del pegamento no se puede hacer, porque se mancha todo.
Luis G.: Pues a lo mejor en vez de castigarle lo que puede hacer es dejarle los "potatos". A lo mejor le gustan los potatos y se queda tranquilo.
Javier: O el ordenador con juegos.
Andrea: O que le dé unos puzzles, que los haga enteros.
Covadonga: O que pinte, o que haga algo que le guste, y así se queda tranquilo y no molesta en la clase.
Paula: Puede probar a hacerle mimitos para que se quede tranquilo.
Profe: ¿Y qué tipo de mimos puede hacerle? ¿Cuales creéis que le pueden gustar? (Nos acordamos del año pasado, cuando vimos a Van Gogh y como pintaba él su habitación porque le transmitía tranquilidad, y cómo hablamos de lo que a cada uno nos hacía estar tranquilos: http://unaclaseconvistas.blogspot.com.es/2013/01/descubriendo-vincent.html )
Alonso: Masajes en la espalda...
Luis G.: Que le coja en brazos que seguro que le gusta.
Covadonga: Y cosquillas, pero suaves, que si no dan mucha risa.
Guillermo Ser: Y profe, si rompe los trabajos de los otros niños, pues que no los rompa, y que le dé papeles de colores para que los rompa en trocitos y luego los pegue, y así no rompe los de los compañeros.
Entre todos hemos visto que, si fuéramos nosotros, preferiríamos que nos diera algo para entretenernos que lo de que nos castigaran. Como bien dice Cordelia, el castigo al final nos haría llorar o gritar, y acabaríamos molestando también. Entretenerle, darle papeles para que rompa o ponerlo de ayudante han sido algunas de las ideas que hemos aportado en clase. Al final hemos ido diciendo cosas que nos gusta que nos hagan y nos las hemos ido haciendo unos a otros, en pareja.
Esperamos poder ayudar a David con alguna de nuestras aportaciones. ¡Desde aquí le agradecemos su confianza en nuestro criterio!
Con cinco cosas de nada
El miércoles de la semana pasada abrió la asamblea Alonso, contándonos que le habían comprado unos botines de taco de fútbol, y que le gustaban mucho. A partir de ahí nos contagió a todos las ganas de contar cosas que nos habían regalado o comprado, y cosas que nos gustaría que nos regalaran. Uno tras otro íbamos comentando que queríamos esto o lo otro, e incluso algún compañero nos enseñó un catálogo de juguetes en el que había rodeado muchos que le gustaban. Entonces el profe nos contó que había niños que no podían comprarse tantas cosas como nosotros, incluso algunos que no tenían apenas juguetes, y no sólo en África o en Asia, sino en todas partes del mundo, incluso en España, y que somos unos verdaderos afortunados en ese sentido. Algunos compañeros comentaron que era una pena, que sin juguetes seguro que no podían jugar, y que se aburrirían. De ese comentario salió una cuestión: ¿Hacen falta juguetes para jugar? Hablamos entonces de juegos como las carreras, el "pillar", la ronda... juegos en los que no nos hacían falta juguetes.
¿Y sólo los juguetes se pueden utilizar para jugar? Entonces el profe nos puso en grupos y a cada uno nos dió un objeto que, en principio, no parecía un juguete para nada. Una almohada gigante, un bote cilíndrico de plástico, un par de aros, una estrella de masajes, una caja de cartón. Cada grupo teníamos uno de los objetos, y teníamos que probar a inventarnos diferentes formas de jugar con él. Fue muy interesante, porque al principio sólo nos salían ideas individuales, pero poco a poco y de forma natural los juegos se iban convirtiendo en grupales, y cada uno le añadía algo nuevo. Nos llevamos casi una hora cambiando de objeto, inventando nuevas formas de usarlos e imaginando que eran caballos, volantes, gafas mágicas, tambores, coches... Sin duda la respuesta a la pregunta era "no". No sólo los juguetes se pueden utilizar para jugar, cualquier cosa sirve, con un poco de imaginación. Después nos pintamos jugando con lo que más nos había gustado. Desayunamos, salimos al recreo... y debieron de gustarnos los juegos que nos habíamos inventado, porque después del recreo, cuando el profe nos dijo que podíamos jugar con los juguetes de la clase, muchos de nosotros le preguntamos si podíamos utilizar la caja, el tubo o la almohada...
miércoles, 23 de octubre de 2013
Carta abierta
He leído en la prensa que el ministro Wert y otros miembros de la secretaría de Estado avisan a los padres de que si los docentes vamos a la huelga, es porque tenemos un trabajo asegurado, y que alentamos a las familias a secundarla sin tener en cuenta sus situaciones laborales.
Añaden también que nuestras razones son de carácter egoísta, por sueldo, número de alumnos en las aulas y disminución de la carga lectiva.
Debo agradecerle sólo una cosa, señor Wert. Y es que gracias a esas declaraciones, usted y su equipo me han dado una razón más para hacer la huelga mañana. Y le aseguro que no es una razón económica, porque el día de huelga me cuesta un buen pico en reducción del sueldo este mes.
Si usted quiere saber mis razones para la huelga, no tiene más que preguntarme, y de alguna forma con esas declaraciones siento que lo ha hecho, así que ahí van:
- Evidentemente mi sueldo y el de mis compañeros me preocupa. No sólo porque ya se ha visto reducido un par de veces en los últimos años y me hayan suprimido alguna paga extra; también porque no sé si tendré hijos en el futuro, ni si será mi sueldo el único que los mantenga (por aquello que usted ha comentado de las tasas de desempleo, ya sabe), y sobretodo porque no sé como podré pagar las tasas universitarias de éstos, en el caso de que decidan seguir ese camino. Me gustaría que fueran ellos los que pudieran decidir acerca de su futuro, y que no lo decidan unas condiciones económicas y unas tasas universitarias que suben sin parar. Y en el caso de que finalmente no tenga hijos, me preocupa por mis alumnos de ahora, por mis sobrinos y los hijos de mis amigos. También me preocupa la reducción de presupuesto en becas, en profesorado, en personal de servicio, etc. No creo que mi trabajo peligre, tiene usted razón. Pero creo que más egoísta sería si no pensara en el trabajo y la educación de todas esas personas, y decidiera ir a trabajar tan tranquilo, yo, que precisamente me lo puedo permitir. También entiendo que les preocupe el dinero a aquellos compañeros que no pueden permitirse perder un día de sueldo, y por ellos también secundaré mañana la huelga.
- Me preocupa también la ratio en las aulas, tienen toda la razón. Me preocupa porque el aumento de ésta merma en la calidad del aprendizaje, y en las etapas de infantil y los primeros ciclos de primaria también en la calidad de la atención y seguridad del alumnado. Sobretodo cuando reduzca las horas de apoyo en los colegios, y tengamos alumnos con necesidades específicas que no pueden ser atendidas. No se engañen, ni aunque nos dejaran con diez alumnos en cada aula podríamos rascarnos la barriga. ¿Ha entrado usted alguna vez en un aula de alumnos de tres años? Le invito a las de mi centro cuando quiera, e incluso si quiere le dejo cinco minutos a solas con ellos. Cinco minutos.
- También han comentado ustedes que evitar que los alumnos acudan a las aulas y no permitir que sigan mejorando su formación "no beneficia a nadie: ni a padres ni a alumnos ni a la sociedad en su conjunto". Pues bien, ahí creo que es donde más se equivocan, y para empezar, en la formulación de su argumento. Es precisamente para mejorar su formación por lo que he decidido no ir a trabajar mañana. Sabrán ustedes que el ejemplo es el mejor maestro de un niño. Si quieren que su hijo o alumno lea, hágalo usted delante suya; si quiere que sea tolerante, tolere. Yo quiero que mis alumnos sean críticos y luchen por sus derechos, y es por eso por lo que mañana no me van a ver en el colegio: mi ausencia mañana les puede enseñar mucho más que las cinco horas lectivas. Y si beneficio a mis alumnos, beneficio a sus padres y a la sociedad en general, aunque mañana no sepan que hacer con sus hijos cuando vean que hay menos profesorado. De todas formas si estar un día sin verme les resulta insoportable a niños y familias, ya saben que me podrán ver a las 18.00 h. en el Parlamento, manifestando mi desacuerdo por unas leyes educativas que me parecen elitistas e injustas, que dificultarán la entrada de sus hijos a la universidad cuando sean mayores. Y no teman, pueden venir con niños, no les sucederá nada. ;)
No quiero molestarle más, señor ministro, y tampoco creo que usted haya leído esta carta y mucho menos que haya llegado hasta aquí. Sólo quiero agradecerle que una vez más con sus declaraciones me haya hecho reflexionar sobre éstas y otras (muchas) razones por las que creo que mañana no debo ir a trabajar. No espero que usted lo entienda, porque no atiende a razones, pero espero que al menos si lo hagan las familias de mis alumnos (y las de los alumnos que tendrán que compartir su aula y su seño con los míos mañana). Al fin y al cabo mi labor como profesor es la de educar y conseguir un mundo más justo para todos.
P.D. Si mañana somos muchos los que nos manifestamos, siempre podrá decir que la mayoría eran parados, que no saben lo que hacer con su tiempo...
P.D. Si mañana somos muchos los que nos manifestamos, siempre podrá decir que la mayoría eran parados, que no saben lo que hacer con su tiempo...
viernes, 18 de octubre de 2013
¡Cuento contigo!
Ayer comenzamos a traer los sobres de la Campaña del Domund. Ya la habíamos explicado previamente, y algunos estamos muy concienciados de que podemos contribuir con nuestras aportaciones. En la asamblea, después de ver las fotos de Jesús y apuntar lo que queríamos decirle en el video, comenzamos a abrir los sobres y a contar el dinero. El primer sobre tenía un billete rojo, "ese es de diez, profe, el 1 y el 0", y el segundo sobre uno verde "Ahí pone 5". Antes de abrir otro sobre, queríamos contar cuánto dinero teníamos. 10 + 5... Algunos intentamos hacer el cálculo con los dedos... ¡Pero era un poco difícil! Nos faltaban dedos...
"Profe, trae los pinchos con los que contábamos el año pasado". Con la caja de pinchos era más fácil... ¡aunque era una cantida muy grande! Sacamos diez pinchos de la caja y luego sacamos otros cinco... como algunos sabemos contar hasta veinte, fue fácil hacer el cálculo... "¡¡Quince, hay quince!!"
Después sacamos una moneda de dos euros (ahí no nos hizo falta contar mucho... "¡dieciséis y diecisiete!")
Poco a poco fuimos sumando más... Algunos números sabíamos decirlos, pero no sabíamos representarlos con números. Para hacer el quince pusimos 203, 1010, 35, 105... Sin embargo, cuando el profe escribió en la pizarra los números del 1 al 14, ya supimos escribir el 15, el 16, el 17, el 18...
Al final, teníamos 26 "pinchos" fuera de la caja. Es decir, que teníamos 26 euros. Guardamos nuestras anotaciones junto con el dinero, esperando recoger más en los días siguientes.
Después, el profe nos propuso un juego. Hicimos grupos de cuatro o cinco niños y nos dio un folio y un montón de pegatinas. Ganaban aquellos grupos que consiguieran pegar en el papel exactamente 26 pegatinas. De vez en cuando íbamos con el papel a la mesa del profe y él hacía un recuento. No importaba si no llegábamos o nos pasábamos, lo importante es que al final estuviéramos seguros de que había veintiseis. Algunos grupos lo hicimos directamente, a la primera. Otros se lo llevábamos al profe y cuandoe ste nos decía "Aquí habéis pegado 21 pegatinas", en seguida sabíamos cuántas nos faltaban: "veintidos, veintitres, veinticuatro, veinticinco y veintiseis... ¡Ahora sí!".
Aquí tenéis las fotos de los equipos que lo consiguieron... ¡¡Todos!! ¡Como premio, fuimos al bar del colegio y el profe nos invitó a gusanitos y caramelos!
Después, cuando llegó la hora del desayuno, encontramos otro sobre en una de nuestras mochilas con 20 euros más. Ese cálculo ya lo hizo el profe... 26 + 20... ¡¡46!!
La mayoría de nosotros, si no todos, no hubiéramos llegado a hacer estos cálculos sin la ayuda de los demás. A veces nos hace falta escuchar las reflexiones de los otros para conectarlas con nuestros propios conocimientos. Aprendemos de los demás y con los demás, y obtenemos mejores resultados cuando trabajamos juntos. Nos equivocamos, rectificamos, nos volvemos a equivocar. Hasta que damos con la clave. Estos números eran muy elevados "para niños de cuatro años", pero dejan de serlo cuando tienen un significado para nosotros. Utilizamos los números, al igual que la escritura, para algo concreto, porque queremos aprender para desenvolvernos en la vida, no para sacar buenas notas o tener contentos a los mayores. Contar con nuestros compañeros es una gran experiencia en la que todos salimos ganando.
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